Atravesó el portal de Ventormenta hacia las tierras crepusculares. Una vez más en busca de valiosos minerales y gemas. Aseguró la silla de montar en su grifo Iwym y le aprestó el paso, ese grifo rechoncho siempre necesitaba coger bastante velocidad antes de alzar el vuelo.
Se dirigían hacia el delta del río para comenzar su búsqueda, como cada mañana, la batalla continuaba bajo ellos frente al bastión de Bancalto, la horda estaba ganando terreno. Estaba convencido que pronto empezarían a reclutar en las principales ciudades para continuar con la lucha en estas tierras.
Una fuerte ráfaga de aire hizo tambalearse a Iwym y obligó a Valtu a aferrarse más fuerte a las riendas sacándolo de sus pensamientos.
Ya estaban llegando al delta del río.
Los elementales de agua plagaban la zona, incluso más que la mañana anterior.
El grifo vio una mena y se dirigió a ella como era costumbre.
Aterrizó lentamente y recogió las alas para que el pequeño enano pudiese bajar.
Valtu descendió de su lomo y bajo sus bolsas con las herramientas, desenganchándolas de la silla de montar. Se acercó a la mena e hincó una rodilla en tierra para analizarla más de cerca.
Cogió su estilete, un pequeño martillo y un pequeño pico. Empezó a buscar grietas para abrir la roca de elementium y encontrar alguna mena que le sirviese.
En un rato ya había sacado unas seis menas de aquella veta y no quedaba nada más que fuese utilizable. Ató las alforjas y las bolsas de herramientas en la silla de Iwym, montó y continuaron el vuelo.
Tras unos minutos de vuelo y unas cuantas menas más se dio cuenta que se acercaban a la entrada de la peligrosa mazmorra de Grim Batol, allí dentro todo eran laberintos de roca, una ciudad sumergida llena de súbditos crepusculares y malolientes troggs de roca.
Hacía tiempo, había luchado en esas salas bajo tierra y aunque el resultado fue positivo, se perdieron muchas vidas.
Nunca volvería bajo tierra. Eso era algo que tenía muy claro.
Era un enano de las colinas, el único techo que necesitaba era el cielo.
De nuevo Iwym detectó una mena entre las rocas frente a Grim Batol y empezó a descender.
Nada más desmontar, Valtu analizó la zona alrededor de la mena... Todo estaba quemado.
-Sin duda dragones crepusculares...- murmuró para sí mismo.
Analizó la mena, esta vez el mineral era pirita...
Merecía la pena arriesgarse.
Invocó un elemental de tierra para que hiciese guardia mientras él se arrodillaba frente al cúmulo de mineral. Empezó a golpear levemente, con delicadeza, hacer mucho ruido no era buena idea, podría atraer a la mismísima muerte.
Metió la cuña en una pequeña abertura y empezó a golpear desprendiendo trocitos de mineral.
De pronto le faltó la luz.
Una enorme sombra había tapado el sol y Valtu temía lo peor.
Iwym erizó sus plumas, el enorme elemental de tierra se irguió mirando aquella enorme bestia...
Era un dragón, un dragón crepuscular. Su tamaño era unas cinco veces el de Iwym, cubierto de millones de pequeñas escamas de color morado oscuro, mate.
No reflejaban la luz, parecían absorberla.
La mismísima sombra de la muerte.
Rápidamente evaluó la situación.
Demasiado tarde para tratar de montar y escapar.
Invocó otro otro tótem, vinculado a un elemental, esta vez de fuego.
Iba a ser una dura batalla, era un chamán pero se había especializado en sanar, sus hechizos ofensivos no eran muy potentes.
Dudaba si saldría victorioso.
Ajustó su escudo y preparó su maza atándola a su muñeca.
No iba a ponérselo fácil a aquella lagartija con alas.
- SOY UN ENANO DE LAS COLINAS - le gritó al dragón - ¡¡¡HACEN FALTA VARIOS COMO TÚ PARA ACABAR CON UN MARTILLO SALVAJE!!!-
El dragón chilló y descendió, se posó frente a él.
Valtu miró fijamente sus ojos negros. Ambos estaban en tensión, tanteándose.
De pronto Iwym chilló bajando la cabeza y arqueando la espalda, de forma amenazante. Con sus plumas erizadas parecía el doble de grueso de lo que era en realidad.
El dragón bajó la cabeza, recogió las alas y empezó a correr hacia Valtu mientras soltaba un fuerte rugido.
Era el momento, ahora veríamos si un simple sanador sería capaz de vencer a semejante criatura.
Gritando, Valtu corrió hacia el dragón con la maza en alto y el escudo frente a él, escoltado por sus dos elementales.
Mientras Iwym alzó el vuelo y se lanzó en picado contra el dragón.
Ambos se acercaban acortando la distancia a gran velocidad, llegado el choque Iwym atacó la cabeza de la bestia agarrándose a su morro intentando atrapar las mandíbulas inferiores con sus garras traseras para evitar que abriese la boca.
Picaba y arañaba toda su cara causando graves heridas.
El enorme elemental de tierra agarró al dragón por uno de los cuernos forzándolo a descender la cabeza hasta el suelo, mientras el elemental de fuego golpeaba al dragón con sus garras, rasgando y quemando.
Valtu invocaba rayos entre golpe y golpe.
Escondiéndose tras el escudo con cada golpe de sus garras. De pronto, el dragón se liberó de Iwym lanzándolo lejos, su garra aplastó el elemental de fuego como si fuese una pelota que se desinfla.
No consiguió zafarse del elemental de tierra que aún lo mantenía sujeto, con la cabeza torcida y chillando.
Su boca estaba libre y podía lanzar una ráfaga de fuego en cualquier momento.
Posiblemente aquí iba a terminar todo, el siguiente hechizo no estaría a tiempo o no sería lo suficientemente potente. Iwym volvió a la carga atacando esta vez las alas y la espalda.
Pero ya daba igual, todo estaba perdido, el dragón abría ya su boca y estaba a punto de expulsar su fuego.
Valtu se protegió tras el escudo de nuevo, esperando que fuese suficiente.
El grito de un grifo le hizo asomarse desde detrás del escudo, ¡ese no había sido Iwym!
Era un grifo marrón, un grifo de Forjaz, de los enanos bajo la montaña... Pero ¿quién?
Dos siluetas se acercaban corriendo, gritando y riéndose escandalosamente desde el flanco izquierdo.
El guerrero humano cargó con su escudo sobre el dragón cerrando su hocico con un fuerte golpe en el mentón, mientras el pequeño enano saltaba sobre su lomo con dos hachas y lo golpeaba en la cabeza con tremenda rapidez.
Era el momento de darle la vuelta a ese combate.
Valtu invocó nuevos tótems que lo ayudarían a canalizar las corrientes mágicas de sanación.
Las heridas del grupo se cerraban, los golpes se mitigaban. El dragón estaba perdido.
En un grito agudo la enorme bestia se desplomó en el suelo, cubierto de sangre oscura y densa que burbujeaba.
El elemental de tierra miró a Valtu y desapareció lentamente fundiéndose de nuevo con la tierra de la que había salido.
Iwym alzó al vuelo junto al grifo marrón.
El chamán enano y el guerrero humano se acercaban a Valtu cubiertos de la oscura sangre.
Eran sin duda una pareja curiosa.
Curiosa y bastante escandalosa.. John, el guerrero, maldecía echando pestes por la boca, mientras caminaba y trataba de sacudirse la pegajosa sangre.
El enano, Masacron aún reía. No había dejado de reír como loco durante todo el combate.
Como se alegraba de verlos. Pertenecían a la misma hermandad, eran compañeros desde hacía tiempo y habían salido victoriosos de múltiples batallas.
Valtu empezó a reír de pronto, también John y Masacron.
La alegría les había invadido de pronto. La alegría de estar vivos.
Esto había que celebrarlo claro, con una buena cerveza enana.

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