viernes, 16 de marzo de 2012

El Lado Oscuro (Parte 1)

Aquella tarde la policía había llegado a mi casa, me detuvieron sin informarme de por qué, solo leyeron mis derechos mientras me sacaban a empujones y me metían en un furgón.

Más tarde, en comisaría, la sala de interrogatorios me esperaba.

Hasta ese momento solo sabia que era sospechoso de algo pero no sabia de qué.
Entró el inspector.

Informes sobre la mesa.

- ¿Sabes porque estás aquí?-

Negué con la cabeza.
El Policía se inclinó al otro lado de la mesa, con ambas manos apoyadas en el frío metal, me miró a los ojos.
Solo podía pensar que las esposas me hacían daño, estaba sudando.

- ¿Qué hizo ayer, entre las diez y las doce de la noche?

Siempre pensé que esta pregunta no sabría responderla.
Cada vez que veía una película policíaca, me preguntaba a mí mismo si sería capaz responder si me la hiciesen en serio.
Normalmente ni me acuerdo que comí el día anterior.

La voz me tembló

– Yo... - Carraspeé. - Estuve en casa –

- ¿Puede alguien confirmar que se encontraba en su domicilio? – Dijo el inspector, levantando la ceja izquierda.

Es curioso yo solo sé levantar la ceja derecha.

- Nadie, que yo sepa. - Contesté.

- Ya... - miró los papeles y sacó unas fotos de la carpeta. Las tiró una a una sobre la mesa.

- ¿Conoce usted a esta persona?-

Me asomé a las fotos y mi cuerpo se rompió en mil pedazos al ver el contenido.

Era ella. El amor de mi vida.

Me había dejado por otra persona tan solo unos días atrás, después de mantener una relación estable durante casi siete años...

Mi mundo se derrumbó de nuevo, mi corazón se aceleró y empecé a temblar.

Mis ojos se inundaron y las lágrimas empezaron a caer por mis mejillas.

En las fotos ella estaba en el suelo, tumbada sobre una gran mancha de sangre. Su sangre.

La cara destrozada y llena de moratones por todo el cuerpo.
El mismo cuerpo que tan feliz me había echo días antes.
Sus labios estaban hinchados y destrozados, con un color morado, casi negro.
Esos labios... durante estos últimos días había añorado esos labios cada hora, cada segundo...

Ella era mi vida y por segunda vez se había ido, esta vez para siempre.

El dolor en el pecho se hacía insoportable y me deslicé de la silla al suelo. ¿Taquicardias de nuevo?
Pensé que lo mejor era tumbarme porque aquello no eran solo taquicardias, era otro ataque de ansiedad.

- ¿Se encuentra bien? –

¿Cómo voy a encontrarme bien idiota?,
Este policía parecía estúpido, aunque lo pensé mientras me agarraba el pecho con ambas manos esposadas,  no dije nada.

Asentí con la cabeza mientras intentaba respirar hondo.

Las esposas empezaban a marcarme las muñecas.

Retiró las fotos de la mesa y las metió en la carpeta de nuevo. Era lo mejor, solo había visto una y casi me cuesta la vida.

El dolor era más intenso, punzante.

En ese momento entró otro agente, de uniforme, miró al inspector y movió la cabeza en un gesto que le invitaba a salir para decirle algo.

- Llamen a una ambulancia para el chico- Me miró con desdén – pero que dos agentes vayan con el en todo momento- .

El policía de uniforme entró en la sala y me ayudó a levantarme, que inconsciente, si fuese un asesino habría tenido tiempo de quitarle la pistola, la porra y hasta el carnet de identidad.

Fuera alguien le decía al inspector que habían encontrado restos de ADN bajo las uñas de la victima.
¿La victima? Que falta de respeto hacia alguien tan importante en mi vida.

Ya sabían quien era, lo traían en ese momento.

Me sacaron de allí despacio. Estaba mejor.
El agente de uniforme no se separaba de mí y me ayudaba a caminar.
Como a un anciano.
Sujetándome del brazo derecho.

Por el otro lado del pasillo llegaba el  "sospechoso", aquel que me lo había arrebatado todo...

Mi odio empezó a aumentar y mi pecho empezó a sentirse mejor.
Era el tipo con el que ella se había ido.

Mi mente estaba pensando en lanzarse sobre él y asesinarle allí mismo, en medio del pasillo.
Mientras mi mente lo pensaba, mi cuerpo ya estaba abalanzándose sobre él, lo tenia agarrado por el cuello, contra la pared.

No salían palabras de mi boca, solo una mirada de odio penetrante, los dientes apretados y la sed de venganza.

Siempre fui una persona tranquila, pero en ese momento, me dominaba el lado oscuro que cada persona tiene dentro, el asesino que todos intentamos ocultar.

Aunque algunas personas no lo ocultan, como ese paria que estaba estrangulando. Empezaba a ponerse de un ligero color azul.

Las porras de los policías me golpeaban piernas y espalda, más policías uniformados venían por el pasillo, tiraban de mí, me golpeaban.

En ese momento no había dolor físico, no sentía.

Solo el vacío dentro de mí.
Caímos al suelo pero no separé mis manos de su cuello, me miraba con los ojos muy abiertos empujando mi cuerpo con sus manos esposadas.

No conseguiría nada. A pesar de ser pequeño tenia fuerza suficiente para acabar con ese desgraciado.
Finalmente, consiguieron separarme.

Después de eso al calabozo a través del pasillo gris.
Dos metros por dos metros de cemento y hierro.

Un banco y una almohada maloliente. Iba a pasar allí la noche. Al menos ya no tenia las esposas.

¿Por qué me mantenían allí si tenían al culpable?

Esa noche entre las lágrimas que empapaban la almohada juré que ese hombre moriría.

Todo era tan perfecto si ella estaba.

No podía dormir desde el día en que me dejó. Así que una noche más no era nada para mi.

Pensé en cada cosa que compartimos juntos.
En cada uno de sus gestos, su mirada, como sonreía antes de besarme.
Cada detalle de ella era tan nítido en mi cabeza que llegaba a doler.
Tras una noche llorando me dolía la cabeza.

Llegaron a mi celda con las primeras luces del día.
Al parecer el tipo había confesado.

Me podía ir de allí cuando quisiera.

Me iría, si, me iría pero solo por ahora, porque no iba a dejar a ese tipo vivo.

Me lo había jurado a mi mismo. Y si no cumples lo que te juras a ti mismo ¿que clase de hombre eres?
Un coche patrulla me llevó hasta el tanatorio. Aunque yo había pedido ese destino, no entré, no tenia fuerzas suficientes.

Cogí el primer autobús que pasó.
Pensando. Fui a todos lados y a ningún lugar montado en ese autobús.

Solo podía pensar en ella.
Un periódico estaba en el asiento de al lado.
Lo cogí, en primera página la foto de mi víctima. Cuanto lo odiaba.
Debajo en negrita ponía “no quería que pasara eso, empezó como un juego que se me fue de las manos”

- ¿Un juego? Así que un juego. Tú y yo si que jugaremos a un juego amigo.- Mi mente empezaba a trabajar rápidamente.

Al bajarme del autobús ya sabia donde y como lo haría...

(y aquí os dejo con la intriga... más el próximo día...)

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