Trece días habían pasado desde la batalla en Arathi. Valtu no había salido de casa desde entonces, sus ahorros comenzaban a escasear. Se levantó a mediodía y bajó las escaleras de su dormitorio al salón-librería. Atravesó lentamente el salón hacia el patio. En la entrada de la casa se paró y contemplo aquel pasillo estrecho lleno de ratas, apartó una con el pie, suspiró y siguió caminando.Al entrar en la tienda de curiosidades que separaba el pequeño corral de la calle, levantó la mirada para saludar a su casero y encontró una cabeza rosa, con unos ojos curiosos mirándole fijamente a menos de un palmo de su rostro.
Valtu frunció el ceño y miró a Quincy, su casero y dueño del local "La Dama Misteriosa", una mezcla entre taberna y tienda de antigüedades.
- ¿Otro animal disecado Quincy? - dijo mientras levantaba un brazo para tocar el enorme animal.
- No está disecado - Contestó el estrafalario casero con tono rimbombante.
Valtu observó de cerca la cara del animal que no se movía y lo observaba desde arriba, era mucho más alto que él y de un color rosa chillón, casi fosforescente, lo inspeccionaba esperando que se moviese algo en él.
- Esto está disecado, seguro.- Sin haber terminado la frase el enorme zancudo rosa cobró vida de golpe y se puso a hurgar en la barba roja del enano con el pico.
Valtu se sobresaltó.
- Animal del demonio, ¡suéltame! - Dijo el enano mientras empujaba la frente del animal sin conseguir separarlo de su barba. - ¡Shu, shu! ¡Sape bicho!- gritaba mientras agitaba las manos en el aire para intentar espantarlo.
El zancudo ignorando los gestos del enano continuaba inspeccionando a Valtu de arriba a abajo. Ahora hurgaba en el pelo que llevaba en las enormes hombreras de piel.
Valtu suspiró y miró a Quincy que sonreía con una de esas sonrisas socarronas de superioridad. Quincy era un hombre extrañamente estrafalario llevaba chistera y una elegante chaqueta de smokin pero al mismo tiempo llevaba chanclas y bermudas. Su tienda no se quedaba atrás en peculiaridad en ella podías encontrar desde dientes de dragón hasta todo tipo de animales disecados o tótems tauren.
- Quítamelo Quincy, no estoy de humor. - Dijo Valtu meneando la mano hacia el animal para espantarlo.
Quincy sacó un arenque ahumado de una de sus cajas de hielo y se lo mostró al enorme zancudo.
El animal se puso tieso mirando atentamente el arenque con los ojos muy abiertos y la lengua fuera como un perro. Seguía con la cabeza el leve balanceo del pez que colgaba en la mano de Quincy.
- Es un animal muy especial, ¿sabes?- Dijo Quincy tras el mostrador del local.
- Pues no parece muy inteligente- Le espetó.
Quincy tiró el arenque hacia el enorme zancudo y el animal lo atrapó en el aire.
- Admitelo, No es más que un flamenco gordo.- Dijo Valtu mientras miraba la leche de Elwynn menearse dentro de la botella que Quincy acababa de dejar sobre el mostrador.
- Es mucho más que eso, no es muy inteligente, es cierto, pero es el más rápido entre los zancudos, de eso no hay duda. - explicó Quincy mientras ponía el vaso en el mostrador y servía la leche - Es el más fiel, en su cabeza me parece que cree ser un perro. Pero eso no es más que una cualidad ¿No crees? -
Valtu miró al extraño tabernero mientras se arreglaba las trenzas de la barba.
- No estoy muy seguro de si será una cualidad o más bien una tara - dijo mientras terminaba de entrelazarse el pelo.
- Oh y además es tuyo -
- ¿Como? - Dijo Valtu sorprendido.
- Vamos viejo amigo, llevas días sin salir de ese cuartucho que te he alquilado. Debes volver a salir a coger tus gemas, no te queda mucho dinero y han venido muchos clientes preguntando por tus tallados. Además, en el tiempo que has estado ahí dentro la gente de tu hermandad ha tenido problemas serios con la hermandad de asesinos de ventormenta. -
Valtu levantó la vista del vaso y miró fijamente a Quincy con gesto enfadado.
- ¿Que problemas? -
- Pues al parecer se han concedido ciertos trabajos a Riplay y Leahn que debían ser para la hermandad de asesinos. Han atacado a varios de tus compañeros en estos últimos días. -
- Hum, eso no puede ser. - Apuró el vaso de leche y se limpió los restos de la barba con la capa. - Iré a hablar con Ykarilla inmediatamente.
Se dirigía a la puerta cuando entraron un par de hombres vestidos de negro, con un pañuelo tapando su rostro.
"La hermandad de asesinos" pensó Valtu para si.
- ¿Que se les ofrece caballeros? - Dijo Quincy como si no pasase nada.
Un tercer hombre del tamaño de los dos anteriores juntos entró al local. Quincy agarró el trabuco enano que tenía bajo el mostrador y Valtu puso una mano sobre la empuñadura de la maza con aire distraído.
Uno de los dos primeros sacó un trabuco y apuntó a Valtu.
- Os habéis metido donde no os llamaban, tu y tu hermandad vais a tener problemas - Dijo el segundo hombre dando un paso hacia él.
De pronto una figura salió de la sombra de una esquina, tras el más grande de los tres, una figura oscura con forma de huargen. Desgarró con su zarpa la garganta del más voluminoso de los tres y volvió a desvanecerse.
El hombre en pánico, las heridas ni siquiera le permitían gritar, se puso las manos en lo que quedaba de su garganta y cayó contra el marco de la puerta, resbalando lentamente hasta caer al suelo, la sangre salia entre sus dedos mientras sus ojos se volvían vidriosos.
- ¡Maldito! - El primer hombre apuntó su trabuco hacia Valtu e inmediatamente recibió un disparo de Quincy en la cabeza, tumbándolo de espaldas.
Al tiempo que esto sucedía Valtu cogió su maza y la lanzó contra el último hombre en pie rompiéndole la nariz y gran parte de su dentadura.
De las sombras volvió a salir Leahn, un huargen pícaro miembro de su hermandad.
- Matones - Dijo mientras se ponía de cuclillas y cogía por la pechera al tipo con la cara rota. - ¿A cuantos más vais a molestar ? ¿eh?-
Le lanzó bruscamente contra el suelo, la cabeza golpeó con un ruido sordo las tablas de madera del local.
- Valtu, tenemos problemas. - Dijo el pícaro - Debo ir a Uldum en busca de Astharott, tu avisa a Ykarilla y a los que han ido con ella. -
- Pero ¿a donde han ido?- Dijo Valtu mientras recogía su maza con restos de carne en ella.
- Se dirigían hacia el puerto de Menethil en los humedales para pasar al continente de Kalimdor desde allí. -
- Hum... ¿porque a Kalimdor? -
- Hasta que esto no se resuelva los reinos del este son muy peligrosos para nuestra hermandad, buscaremos refugio en Darnassus hasta que todo se aclare, allí la hermandad de asesinos no tiene ninguna jurisdicción. El problema es que han conseguido nuestra ruta, no se como, pero saben por donde se están moviendo y donde harán sus paradas y sus reabastecimientos, están en serio peligro y lo peor de todo es que no lo saben.-
- Está bien - Dijo Valtu mientras terminaba de meter algunas de sus cosas en las bolsas. - Me pongo en camino. -
Se ajustó las bolsas al cinturón y se dirigía a la puerta. Miró hacia el local con ánimo de añadir algo más pero Leahn ya había desaparecido entre las sombras.
- Si todavía andas por aquí, ten cuidado amigo. No se cómo voy a llegar a tiempo, voy a tener que correr. -
- El más rápido de los zancudos amigo, el más rápido - Dijo Quincy mientras sostenía una collera para zancudos en la mano.
Valtu suspiró, dio la espalda a la puerta, recogió las riendas del animal y se las colocó en la cabeza.
- ¿Como se llama el bicho?- Dijo mientras se dirigía a la puerta tirando del animal y arrastrando los pies como un niño que no quiere ir a la escuela.
- Piruleta - Dijo Quincy con una sonrisa burlona mientras tiraba de las piernas de uno de los asesinos y lo llevaba hacia el corral.
- Oh Dios...- Fue lo último que Valtu dijo antes de salir por la puerta.
Una vez en la calle murmuró para si:
- Espero que esto no te traiga muchos problemas amigo -
Caminaron por el borde del canal hasta la entrada al barrio de los enanos, lo atravesaron y se dirigieron al túnel del tren gnómico que atravesaba el subsuelo desde Ventormenta a Forjaz. El modo más rápido de llegar a la ciudad enana. Piruleta seguía a Valtu fascinado por la punta de su trenza que se meneaba como un péndulo. De ves en cuando intentaba atraparla de un picotazo.
Entraron en el túnel y se dirigieron al vagón central. Piruleta había cambiado la punta de la trenza por el pelo que llevaba en el borde de la capucha, se entretenía planteándolo y desordenándolo.
Durante el trayecto Valtu iba revisando sus bolsas, metía la mano y repasaba los objetos mentalmente. Después el enorme zancudo rosa hacía lo mismo metiendo el pico en cada bolsa y chupeteando con su lengua cada cosa que Valtu tocaba.
Llegaron a Forjaz, la ciudad bajo la montaña, hogar de los enanos y de la mejor cerveza de Azeroth.
Salieron del túnel con el paso más apresurado, atravesaron la sala militar y entraron en la plaza en dirección a las puertas de Forjaz.
Junto a la enorme estatua del ancestro enano, en pie al lado de su draco rojo se encontraba Wiiy, un enano chamán que dominaba el arte de los elementos como Valtu, pero había consagrado su estudio a los hechizos ofensivos en lugar de centrarse en las sanaciones o en la lucha cuerpo a cuerpo. Le sacaba más de 60 años pero se le veía joven como si no tuviese más de 80.
Valtu le saludó desde lejos y se acercó tirando de las riendas del enorme zancudo rosa.
- Wiiy, amigo. ¿Que haces aquí? - Dijo Valtu.
- ¡Hola Valtu! - Saludó sonriendo el enano de larga barba gris - Espero a Riplay y a Astharott que vendrán desde Ventormenta, para ponernos en camino hacia Menethil, debemos encontrarnos allí con Ykarilla para ver cuales son las órdenes. -
- No puedo explicarte mucho aquí Wiiy- Susurró Valtu - Pero Astharott y Riplay no van a venir. No es seguro para nadie de nuestra hermandad andar solo y menos en ventormenta. Astharott está en Uldum, fue a recoger a Masacron y John. Debemos movernos en grupos en la medida de lo posible. Riplay está solo en ventormenta y apuesto a que Blue también.Ve a Ventormenta y dales el aviso, Intentad llegar a Darnassus es la última orden, no uséis el puerto de Ventormenta, está llena de miembros de la hermandad de asesinos y los guardias están comprados. - Suspiró - Ten cuidado amigo.
- No imaginé que se hubiese puesto tan feo este asunto - Contestó Wiiy mientras ponía una mano en el hombro de Valtu - Amigo, no quiero asustarte, pero Nabimia está con Ykarilla... Creo que en su grupo no eran más de cuatro y sabes que la hermandad de asesinos tiene compradas a las tribus de Gnolls de las humedales... Apresúrate -
Montó en su draco rojo y mientras despegaba volando hacia la gran puerta de Forjaz se despidió con la mano.
- Nabimia - Susurró para sí mismo Valtu.
Aseguró la pequeña silla de montar del zancudo. Mientras éste le miraba muy atento contorsionando su largo cuello emplumado
Valtu miró al zancudo a la cara, puso una mano sobre la silla de montar, suspiro de nuevo y murmuró algo ininteligible.
Montó, ajustó las riendas y miró hacia la gran entrada de Forjaz, algunos copos de nieve entraban en la ciudad empujados por la ventisca, podía sentir el aire frío en su cara.
- Demuestra lo que vales amigo, necesito que seas tan bueno como dicen - Le dijo al zancudo mientras acariciaba su cabeza.
- ¡Hia! - Gritó.
El zancudo salió corriendo a gran velocidad, Al tiempo que iniciaba la marcha, vio por el rabillo del ojo dos miembros de la hermandad de asesinos salir tras él montados en fuertes carneros.
Atravesaron la puerta de Forjaz, el aire y la nieve golpearon su rostro, un golpe húmedo y frío.
Valtu se ajustó la capucha y se tapó la cara con la piel de carnero que llevaba al cuello.
Piruleta, su nueva montura, corría increíblemente rápido, en cuestión de segundos bajó toda la cuesta de Forjaz y cogió el camino de Dun Morogh hacía la vieja cantera. Los dos carneros les seguían a gran velocidad. La nieve no es el medio idóneo para un zancudo, pero éste corría como Valtu nunca lo había visto antes. Pensó que debería haberse hecho con un carnero para esta zona. El carnero está adaptado y coge grandes velocidades en nieve, mejor que un zancudo adaptado a tierra y hierba.
Los dos asesinos le ganaban terreno. La maza golpeaba su pierna izquierda a cada zancada del animal, las bolsas tintineaban en su cinturón y el viento ensordecía los sonidos. Aún así podía escuchas las pezuñas de los carneros cada vez más cerca, en este medio estaban en desventaja.
El zancudo seguía corriendo manteniendo una marcha constante, el vaho salía de sus pequeños orificios en el pico, parecía entender la situación, miró atrás y vio los dos carneros, volvió la vista al frente y apuró aún más el paso.
Pasaron la cantera de Gol'Bolar. Dejaron atrás el puesto de Bahrum y continuaron la marcha hacia el paso del norte. Túneles hechos por los enanos para moverse atravesando la montaña sin tener que perder tiempo en rodearla o escalarla.
Llegaron a la entrada del paso del Norte con los carneros pisándoles los talones, una gran entrada de piedra con dos estandartes y en ella la insignia de Forjaz en color rojo sobre fondo blanco. Las banderos se movían de forma violenta sacudidas por el viento. Entraron sin bajar ni un ápice la velocidad. Al entrar de golpe el aire dejó de zumbarle en los oídos y podía escuchar a sus perseguidores con más claridad. Un túnel recto y sin una pizca de nieve, con un suelo de piedra y cada pocos metros una antorcha para iluminar el camino. Era el momento de recuperar la ventaja perdida. Al ser un terreno más propicio el zancudo aceleró aún más la marcha, la cabeza estirada, los ojos fijos al frente. Era una gran montura sin duda, aunque su imagen engañase.
Resonaba el eco de las pisadas del zancudo y se mezclaba con el sonido de las pezuñas de sus perseguidores. Esta vez sonaban claramente cuatro carneros corriendo detrás de él. Cuatro asesinos pegados a él. No sabía si llegaría, ni siquiera sabía si saldría vivo, pero no podía parar.
Que Ykarilla, la segunda al mando de la hermandad, estuviese en peligro era malo pero que Nabimia, la draeney de la que se había enamorado, sufriese daño alguno, era algo que no podría permitir. Tan solo la idea de imaginárselo le daban ganas de darse la vuelta y asesinar a sus perseguidores.
Salieron del túnel, de nuevo la nieve y el viento les golpeó. Atravesaron un pequeño valle entre montañas donde se encontraba la avanzada del norte y continuaron hacia el segundo túnel del paso. La misma entrada con las mismas decoraciones, de nuevo un suelo en el que ganarles terreno.
Veía la luz al final, Loch Modan era la zona a la que saldrían, era un terreno de arenisca, aún haría frío pero no habría nieve a pesar de ser invierno, sin duda podrían sacarles algo de ventaja, empezaba a ver posible el llegar a tiempo, pero debía hacer algo con sus perseguidores, no podía conducirlos hasta Nabimia y los demás.
Atravesó el campo saliéndose del camino por detrás del búnker enano de Algaz y entró en el siguiente túnel que conectaba Dun Algaz con los humedales en cuatro túneles diferentes, atravesando cuatro montañas, interrumpidos por un pequeño espacio al aire libre. Salió del primer túnel y giró hacia el segundo. El zancudo se sentía cómodo en este terreno y había aumentado su velocidad de una forma que Valtu no creía posible. Destapó su rostro y se quitó la capucha, empezaba a sentir el calor pegajoso y mojado de los humedales.
Los objetos de sus bolsas tintineaban como campanitas con el trote. Miró hacia atrás y veía como superaban en velocidad a sus perseguidores.
Salieron del segundo túnel y se dirigían al tercero. Al lado izquierdo de la entrada al tercer túnel había un campamento de orcos del clan Faucedraco, sacó de sus bolsas unas monedas de oro, fue gritando hasta llegar a la entrada del tercer túnel para llamar la atención de los orcos, justo antes de entrar tiró las monedas al aire. Estaba seguro que irían a recogerlas y con suerte chocarían con los asesinos que les perseguían presentándoles una dura batalla y si de verdad los ancestros o los dioses estaban con él, quizá los harían huir.
Salió del tercer túnel con la certeza de conseguirlo. Escuchaba los grillos de los humedales, sentía el calor y empezaba a encontrarse con nubes de mosquitos. Entró en el cuarto túnel. Ya no escuchaba las pisadas de los carneros. El plan había salido bien.
Salió del cuarto túnel directo a los humedales, se dirigió al peritaje de Tallalosas. Un puesto que se dedicaba a recolectar diversos productos en los humedales y llevarlos a Forjaz. Paso obligado para descansar tras atravesar los túneles de Dun Algaz.
Llegó al puesto en cuestión de segundos, bajó rápidamente y metió el zancudo dentro de una tienda grande de lona blanca para esconderlo. Se quitó rápidamente la armadura y salió para toparse de golpe con una enana de gesto rudo que lo esperaba en la entrada de la tienda con los brazos cruzados golpeando el suelo con la punta del pie una y otra vez. Era una enana fornida, bastante alta para su raza, del clan de Forjaz sin duda, con un carácter muy masculino. Forba Tallalosas, una de las principales directoras de la Real Unión de Talladores de piedra, su padre había restaurado las puertas de Forjaz dos veces y también daba la casualidad que era su prima.
- ¿Crees que estás en tu casa enano? ¡Los enanos de las colinas no tenéis respeto alguno por la propiedad ajena! - Le gritó la enana.
Valtu la miró arrugando la nariz.
- Los enanos de Forjaz siempre oléis igual ¿Tienes un lago justo detrás y no te duchas? -
La enana se rió mientras abría los brazos en cruz y caminaba hacia el enano. Le abrazó con energía. Le cogió de los brazos y lo separó mirándolo de arriba abajo.
- Diez años y no has cambiado nada Valtu - Dijo con una sonrisa. - Ven cuéntame que haces por aquí-
Se dio la vuelta y se dirigía a la hoguera que crepitaba en el centro del campamento. Valtu la agarró del brazo y la arrastró dentro de la tienda. El zancudo hurgaba entre las sábanas de la cama arrugando toda la colcha. Forba al entrar se lo quedó mirando fijamente sorprendida. El zancudo al escucharla entrar levanto el cuello con la sábana tapándole la cabeza.
- Pero que clase de bicho has metido en mi tienda - Dijo señalandolo.
- Eso no es importante, escúchame- le interrumpió Valtu cogiendo la mano con la que señalaba a piruleta. Cogío las manos de ella entre las suyas y la miró a los ojos.
- Esto es muy importante y necesito que me escuches bien. ¿Han pasado por aquí miembros de mi hermandad? - Le preguntó.
Forba contempló la cara de preocupación por unos segundos y entendió la gravedad del asunto, Valtu no era alguien que se preocupase por nada. Algo grave pasaba.
- Si, hace un día pasaron cuatro de ellos. Uno era la segunda al mando creo, pasaron de largo, ni siquiera pararon a dejar que sus monturas bebiesen- ¿Que ha pasado Valtu? ¿Que es lo que va tan mal? -
- Nos persiguen, intentan hacer desaparecer nuestra hermandad por unos trabajos que no debimos haber cogido nunca - explicó - Necesito encontrarlos. ¿Que paso tomaron? ¿Lo sabes?-
- Se dirigían hacia Menethil por la ruta principal -
- Bien, Bien. ¿Alguien les perseguía? -
- No, yo no vi a nadie - Contestó Forba nerviosa. Solo cuando se preocupaba afeminaba sus gestos.
- Otra cosa... me persiguen. Si alguien pasa por aquí necesito que me hagáis ganar tiempo -
- No saldrán de este campamento con vida. Avisaré enseguida a mis hombres y estaremos preparados - Su voz cambió súbitamente y se tornó en un tono autoritario.
Valtu soltó sus manos, cogió las riendas del zancudo y lo sacó de la tienda. Forba lo seguía. Lo acercó a la laguna que estaba al borde del campamento y lo puso a beber.
Mientras tanto Forba fue a hablar con sus hombres. Nada más terminar de hablar, uno de ellos salió corriendo hacia la salida del túnel. Era un enano joven, como Valtu, no más de 30 años, del clan barbamarmol por el tipo de adornos tallados en piedra que llevaba en la barba.
El resto empezaron a armarse, entraron en sus tiendas a por sus escudos y hachas.
Forba se acercó a la laguna.
- Te daré algunas pociones y algo de carne seca para el camino - Le dijo mientras ajustaba la ballesta.
- No es necesario, no tardaré en encontrarles-
Un cuerno resonó desde el túnel. Dunlor, el enano barbamarmol se acercaba corriendo con el cuerno en la mano.
- ¡VIENEN!- gritó - oigo sus monturas en el túnel.
- Es el momento de irte - Dijo Forba. Abrazó a Valtu, lo miró unos segundos, sonrío y fue corriendo a parapetarse tras unas cajas.
El resto de los enanos, bajo el mando de Forba cortaron el camino con algunas cajas y esperaron con sus escudos y hachas preparados.
Valtu montó en el zancudo que miraba atento los peces en el fondo de la laguna. Aplastó de una palmada en la nuca un mosquito y arreó al zancudo para que iniciase la marcha. Entró de nuevo en el camino dejando atrás a Forba y al pequeño destacamento de enanos. Comenzaba a anochecer y debía estar atento a las hogueras. En una de ellas estaría su grupo, en las demás si no era cuidadoso podía encontrarse con destacamentos de gnolls que no dudarían en despedazarlo. Los gnolls eran como hienas con forma humana, crueles y avariciosas. Con una codicia sin límite. Además la hermandad de asesinos les habría pagado bien por la cabeza de cualquiera perteneciente a la hermandad de Valtu.
Corrió hasta la arboleda del Guardaverde pero no los encontró allí. Siguió corriendo en su montura a la espera de encontrarlos no muy lejos de la franja verde. La noche tomó Azeroth y aún no los había encontrado. En su cabeza empezó a pensar en Forba, en si Wiiy habría encontrado a Riplay y a Blue en Ventormenta, en si Nabimia estaría bien.
El zancudo se paró en seco y sacó a Valtu de su ensimismamiento. Piruleta estiró el cuello todo lo que pudo y empezó a olfatear el aire como si fuese un perro de caza. De pronto en un movimiento brusco bajó el pico hasta suelo y empezó a olfatear, caminaba rápidamente a pasos cortos mientras seguía algún rastro.
Tras unos minutos de rastreo, hundió la cabeza en un charco cercano y saco un sapo enorme que engulló en cuestión de segundos.
Valtu recordó que Quincy le dijo que era como un perro, al menos en su cabeza.
Rápidamente busco en sus bolsas una flor que Nabimia le había regalado. Una flor de paz que ella siempre llevaba en el pelo. Sacó un bote pequeño de cristal, dentro se movía una flor blanca con estambres amarillos. Le quitó la tapa y se la acercó al zancudo. Piruleta giró su largo cuello e intentó meter el pico en el bote para comerse la flor.
- ¡NO! ¡NO! Shhh shhhh ¡No se come! - Valtu alejó el bote. - Se huele, solo huele, encuentra el rastro por favor -
El zancudo miró el bote, se acercó lentamente, cerró los ojos y olisqueó unos segundos. Después estiró el cuello y olfateó el ambiente. De pronto se puso en tensión, abrió mucho los ojos y puso su pico en el suelo de nuevo, empezó a correr de golpe con la cabeza pegada al suelo.
Fue tan repentino que Valtu no tuvo tiempo de agarrarse a las riendas y se cayó rodando del zancudo, se levantó rápidamente y echó a correr tras el animal murmurando toda clase de improperios. Fue persiguiendo su montura durante toda la franja verde de los humedales. Finalmente llegaron al retiro de Whelgar.
Al entrar al retiro, una voz se dirigió a él en la oscuridad.
- ¡Alto! ¿Quien va?- gritó un guardia.
- Valtu, de los pico tormenta- Continúo avanzando. Tras el guardia había una hoguera y solo podía ver las figuras negras.
Una figura femenina, alta, se acercó hasta la entrada del retiro, formada con troncos, y echó a correr hacia él.
Valtu la miró fijamente y sonrió.
Al llegar hasta él, la figura paró en seco y le abrazó.
Valtu sonrió y rodeó con sus brazos a la draeney hundiendo el rostro en su cuello. Nabimia. Sus miedos empezaban a disiparse. Se separaron del abrazo después de unos segundos y le dio un beso en la frente a Nabimia. caminaron juntos hacia la hoguera. Allí sentados estaban Vauron, Ykarilla, Wiiy y Riplay.
Los gnolls aullaban cerca y los mosquitos no dejaban de molestar pero sabía que al menos esa noche podría dormir tranquilo.
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